Acapulco

Te comparto mi experiencia viajera en uno de los destinos más
populares y visitados de México.



Acapulqueando ando

Nunca he sido una persona que va de vacaciones a tostarse hasta reventar (como pistache a lado de una piscina de agua clorada), lo que a mí siempre me ha interesado, es experimentar en aquellos lugares a los que voy a sacar los mejores recuerdos.

Soy chilango de corazón y como buen capitalino, Acapulco es uno de esos sitios a los que tengo que ir antes de morir, así que en mi vacación godín de 9 días, agarré mi mochila, me fui a la estación Taxqueña y con el siempre confiable ADO, conseguí mi boleto en unos $600.00 pesos para irme a Acapulco.

El camión la neta súper cómodo: aire acondicionado, asiento acolchonadito, (para que les miento, dormí todo el camino hasta allá), dicen que lo mejor de viajar en carretera es la vista y mis parpados lo comprobaron, estaban chidos.

Como no llegue con la intención de resortear (buscar un resort de lujo), me busque un hostal bonito y barato, donde sirvieran desayuno y las camas estuvieran cómodas.

Obligatorio de primer día en Acapulco: visitar la playa de la bahía; en mis tips de “No seas como José”, puedo decirte que la arena negra de la bahía al medio día se pone lo suficientemente caliente para sacarte ampollas, así que lleva un buen par de sandalias (a menos que te gusten tus pies bien cocidos) ¡ah y no olvides el bloqueador!

El primer día (fue más como medio día), turisteé como profesional; nadé, me asoleé y tomé cervezas como animal… pero como que ya para el segundo día quería algo diferente.

Agarré un camión y me fui a dar un tour por las zonas más populares. Para empezar, descubrí una zona arqueológica llamada Palma Sola, llegas en corto y la neta es que tiene una vista que no puedes dejar pasar, los grabados son interesantes y el horizonte que da a la bahía es hermoso.

De ahí, decidí que la Quebrada era mi segundo punto por visitar, ver a los clavadistas es una experiencia que no puedo dejar de recomendar a todos y comer un pescado a la talla en uno de los restaurantes de la costa, ¡uff!

Mi quinto y sexto día fueron de emociones extremas; contraté varios deportes de aventura que incluyeron: recorrido en cuatrimoto, salto de bungee, montarse a la tradicional banana y por primera vez renté una moto de agua para visitar la isla de los pájaros y orgullosamente sólo me caí 3 veces.

El séptimo día recorrí las calles de Acapulco y mi instinto de shopaholic se activó y preguntando a los locales me di la vuelta por Punta Diamante (la zona más nice y de moda). Aquí encontré todo para satisfacer a mi chica americana interna: antros, plazas, restaurantes y todo lo que puedas desear para gastarte el ahorro. Decidí que para el ultimo día y medio quería hacer algo tranquilo, así que salí con un par de chicos que conocí en el hostal y fuimos a un tour de todos los bares que hay en la bahía. Y créeme que puedes encontrar de todo, desde bares carísimos hasta lugares donde por $100.00 pesos toma hasta la abuela.

México Cultural Tours
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